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Todos estos años de gente.
Nota de la Revista C del diario Critica - 29 de Noviembre de 2009
Por Cicco Fotos Leandro Sánchez
Todos estos años de gente.
Nota de la Revista C del diario Critica - 29 de Noviembre de 2009
Por Cicco Fotos Leandro Sánchez
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—García: Lo mejor era convivir con un tipo que no solo era compositor, además era un creativo las 24 horas del día. Luis tiene una percepción muy especial de las cosas cotidianas. Malo no hay nada, que yo recuerde.
Considerando lo que hizo el rock con buena parte de sus representantes, uno podría decir que está lleno de contraindicaciones y que, en líneas generales, el rock cae pesado. Ahí está el tendal de músicos que quedaron en el camino a corta edad, sumergidos en bañeras, flotando en piletas como peces inflados, artistas venidos tempranamente a pique en aviones, helicópteros, ahogados en vómitos, arrojados al sueño de la muerte en arrebatos de sobredosis. Muchos de los que salieron del rock con vida llevan el cuerpo a cuestas como si hubiesen sobrevivido a la irrupción de una ola gigante.
Ver para creer: cuando Luis Alberto Spinetta presentó a la prensa a los músicos que lo acompañarona lo largo de su carrera, y que serán de la partida de su cumpleaños 60 –los cumple en enero- y sus 40 abriles con la música en Vélez (el próximo viernes 4), a medida que los iba convocando al escenario, uno podía sentir que todos esos artistas que lucían juveniles, prósperos y floridos en las portadas de sus discos, acababan de ser remplazados por abuelos hippies, indios cherokees y delegados del sindicato de camioneros de Pablo Moyano.
Ahí estaba el Bocón Frascino, bajista salvaje de Pescado Rabioso, una banda que, según Spinetta, “no alcanzaban ni las palabras ni la música para mandar al frente todo lo que estaba sintiendo”. Hoy, a más de tres décadas de aquellas sesiones, el Bocón ha devenido en un ser pequeño, de sonrisa maléfica y andar arrastrado, como el Golum, pero sin su anillo.
O el legendario Pomo, el baterista de Invisible,el hombre que convirtió el zigzagueante mundo spinetteano en un ritmo hechizante e imposible de bailar sin pisarse los cordones de los zapatos. En las fotos de los tres discos de la banda, Pomo lucía como un poeta maldito francés de bigotes, melena y pañuelo al cuello. A treinta y tres años de su separación –aún cuando martilló las baterías de Spinetta durante diez años-, Pomo perdió el pelo, el bigote y el pañuelo. Si no supieras que Pomo es Pomo, tal vez lo confundiríascon un inspector de la DGI que te viene a cerrar el boliche.
A 36 años de la disolución de Pescado Rabioso, esa banda distorsionada, borboteante, con tres discos en la calle en permanente estado de hervor de sartén, David Lebón perdió el bigote, el porte y cierto desafío en la mirada. Hoy, más que el bajista de una de las bandas más explosivas del rock local, pareceun vendedor de pipas y espejitos de colores con stand propio en el Parque Lezama. A Rodolfo García, a casi 40 años de la primera disolución de Almendra, el grupo que inauguró una forma insustituible de hacer rock en español y dejó una ópera inconclusa, el pelo por los hombros negro azabache de aquellos tiempos, se lecubrió a García de viento y de nieve. Más que batero, hoy en día, Rodolfo tiene pinta de viejo cacique en una marcha de protesta mapuche. A Black Amaya, en cambio, baterista dePescado Rabioso, el rock y los años le volaron el bigotito, pero buena parte de la fibra muscular sigue en pie, y al día de hoy, morocho y con anteojos vintage, parece una extraña versión rockera y distorsionada del cantautor Víctor Heredia.

En verdad, el tiempo no perdona a nadie, y no importa lo que parezca toda esta gente que puso su firma en las primeras tres bandas de Spinetta. El rock podrá acelerar los relojes, llenar la cara de surcos, convertir —por fuera— a un joven con el porte de un león en un cajero del Banco Provincia.
Pero por dentro la sangre bombea un torrente vital como el primer día. Una casa antigua y descascarada cuyos cimientos se conservan firmes e inalterables. Podrá pasar el tiempo, caerse el revoque, pero la cañería tiene vida para rato.
Poco antes del show aniversario Spinetta, Amaya, Lebón, Pomo y Rodolfo García, de la música vernácula y socios de Spinetta en su punto caramelo, se reunieron para contar porqué se formaron, por qué se separaron, qué corno significa la poesía de Luis Alberto y, en líneas generales, qué ha hecho el viento huracanado del rock con sus vidas.
—Si baja en este mismo momento un platillo volador, ¿cómo le explicarían al alienígena qué clase de música hacían junto a Spinetta?
—Rodolfo García: En esa época, ni podíamos explicarnos a nosotros mismos esa pregunta. Por un lado, estábamos influenciados, con Almendra, por bandas del exterior, y por otro escuchábamos tango y todo lo que sucedía acá. Era una mezcla única.
—Black Amaya: Pescado Rabioso es la clase de música que no entienden las nuevas generaciones de rockeros. Pero sabés una cosa: sí las podría entender un alien, desde luego.
—David Lebón: Yo, por las dudas, no le presto mi celular al extraterrestre. Mirá si se le ocurre llamar a su casa. Te sale un fangote. Después, habría que ver qué escucha el extraterrestre para ver si puede entender lo que hacíamos.
—Pomo: Yo le diría que, primero, escuche cada disco de Invisible dos veces. A la segunda pasada, yo te aseguro que el ET se va a dar cuentade que Luis era uno de ellos.
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—¿Qué era lo mejor y lo peor de tocar con Spinetta?
—García: Lo mejor era convivir con un tipo que no solo era compositor, además era un creativo las 24 horas del día. Luis tiene una percepción muy especial de las cosas cotidianas. Malo no hay nada, que yo recuerde.
—Lebón: Luis me enseñó a mostrar los dientes y a no ser humillado. Cuando él componía quince temas por día, yo me iba a comprar ropa para sentirme más lindo que él. Estaba en la pavada. Cuando le llevé mi primer tema, “Mañana o pasado”, él me dijo: “Es emocionante, lo voy a poner tal cual lo trajiste.”Y para mí, viniendo de él fue un honor. Pero era bravo estar con Luis. Vivíamos juntos y conmigo nunca tuvo problemas. Nos entendíamos sin necesidad de palabras. En tiempos de Pescado, él tenía mucho dolor. Luis anticipó lo que se venía. Sabía que había guerrilleros. Y se venía algo muy oscuro. Lo intuía. Era muy bravo a la hora de decirte la verdad. Luis no se tiraba de un séptimo piso. Pero llevaba ese enojo a su música. Por si fuera poco, fue el primer amigo que estuvo conmigo cuando mi hija de dos años tuvo un accidente y se prendió fuego. Habíamos estado distanciados, pero recuerdo que Luis llegó, me dio un abrazo y lloramos juntos. Desde entonces, es como un hermano para mí.
—Amaya: Lo bueno de Luis es que, para mí, fue mi maestro. Lo malo, claro, es cuando venía con un tema que me tenía que dar la cabeza contra las paredes para sacar los arreglos con labatería. ¡No los agarraba! Pero, en fin, Luis me ayudaba a mejorar.
—Amaya: Lo bueno de Luis es que, para mí, fue mi maestro. Lo malo, claro, es cuando venía con un tema que me tenía que dar la cabeza contra las paredes para sacar los arreglos con labatería. ¡No los agarraba! Pero, en fin, Luis me ayudaba a mejorar.
—Pomo: No podés separar lo bueno de lo malo en Spinetta. Por lo general, cuando hay algo muy bueno, también hay una gran complejidad, y uno como músico tiene que estar a la altura de ese desafío.
—García: Es verdad lo que dice Pomo. Cuanto más exigía Luis, la banda más se superaba.
—Pomo: Para el primer disco de Invisible, nos fuimos a una quinta en General Rodríguez. Me acuerdo de que lo único que hacíamos era tocar, comer y dormir. Ah, yo hacía el fuego para los asados porque había un horno de barro hermoso. No sé cuántos cajones quemé en esos ensayos. Me acuerdo de que una vez abrí el horno y paf: me salió una llamarada. ¡Me quemé hasta las cejas!
—¿De dónde creen que Spinetta sacaba todos esos acordes tan raros, que lo han hecho tan famoso entre los músicos de rock?
—Pomo: Y... los sacaba de sus amigos ET. Jo,jo, jo.
—García: Yo conozco la historia de cómo empezó Luis a tocar la guitarra. Había un tipo en Saavedra que acompañaba a su padre, que era cantor de tangos, en guitarra. Y tenía un hijo llamado Dionisio, que era un intuitivo y enseñaba guitarra a los pibes del barrio. Les mostraba los temas que ellos querían tocar. Luis fue dos clases nomás. Aprendió lo básico y con eso tenía suficiente. Lo demás, fue todo creación suya. Yo creo que todos los acordes los dedujo él.
—Lebón: Luis era un creador. No copiaba a nadie. No sé de dónde sacaba esas melodías. Yo soy un desastre sacando acordes. Pero ahora que vuelvo con Pescado voy a tocar la guitarra. Antes me había puesto como bajista y me di cuenta de que no eran tan difíciles los acordes como cree la gente. Y eso no es para restarle méritos. Son igualmente hermosos.
—Amaya: Cuando tocaba en Pescado, yo estaba muy compenetrado tratando de sacar los ritmos en la batería para preguntármelo. Pero siempre imaginé que Luis sacaba esos acordestan raros del piano. Nunca supe si tenía o no razón.
—Pomo: A veces, Luis levantaba un dedo y modificaba todo el sonido del acorde. Después del hijo del carnicero, él tuvo dos grandes maestros: David Lebón y Pappo.
—García: Con Almendra, por ejemplo, nunca usábamos partituras.
—Pomo: Nosotros tampoco. ¡Qué vamos ausar partituras! La partitura mata la genialidad, querido. El lenguaje perfecto de la música viene de arriba, como un don natural. La música en el papel se muere.
—¿Por qué se separaron de sus bandas y porqué vuelven ahora?
—Amaya: Nos separamos con Pescado porque David ya se iba a casar y quería hacer su música. Carlos Cutaia, el tecladista, pensaba grabar un disco solista. En verdad, yo fui el último en irme de Pescado. Me acuerdo de que nos separamos en el teatro Planeta. David anunció en el camarín: “Luis, yo me voy”. Y después siguió Carlos. Luis me miró a mí y me preguntó:“¿Y vos también te vas Negro?” Y yo le dije: “Sí”.No sabés cómo me miró. Me
dijo: “Con vos, loco, no toco nunca más”. En verdad, yo no me quería ir para siempre. Quería tomarme dos meses nada más. Después me di cuenta de que lo que más deseaba era volver a estar con Luis.
dijo: “Con vos, loco, no toco nunca más”. En verdad, yo no me quería ir para siempre. Quería tomarme dos meses nada más. Después me di cuenta de que lo que más deseaba era volver a estar con Luis.—Pomo: Pasaron tantos años y ¿todavía no te das cuenta, Black? A vos te rajó, negro, porque estábamos armando Invisible. Así de clarito.
—Amaya: Claro, esa banda rara de ustedes. No, con Pescado me acuerdo de que como veníamos de tocar con Pappo junto a David, le decíamos: “Che, ¿por qué no tocamos algo más blusero o un rock?” Yo ensayé para el disco Artaud. Por un tema contractual apareció como de Pescado Rabioso, pero ninguno de la banda tocó ahí. Fue algo aparte de Luis. Pero siempre tuve ganas de volver a tocar con él. Y este show es la gran oportunidad.
—Lebón: No tengo recuerdos de por qué nos separamos. Éramos pocos en ese entonces y el mundo era muy grande. Todos tocábamos con todos. Todos queríamos seguir creciendo. Ahora, no sabés las ganas que tengo de volvera tocar con Luis. Era mi sueño. Para mí, Pescado fue la mejor banda que toqué en mi vida. En serio. Más que Serú. Era otra época,donde las drogas se tomaban para sentarse y hablar de Dios, no para volarse la cabeza.
—García: No hay una sola razón de por qué se disolvió Almendra. Es como un matrimonio, viste. Yo creo que lo que nos terminó separando fue el hecho que éramos muy pendejos. Nos jodió la inexperiencia. Cuando uno es más joven, si surge un problema, en lugar de encontrar la solución manda todo al diablo. Nosotros ya volvimos antes con Almendra y grabamos un disco y un álbum en vivo.
—Pomo: Claro, porque ustedes eran unos pibes y tuvieron la oportunidad de disfrutarlo a Luis completito con un regreso.
—García: Pero fue un regreso acotado el nuestro. No dijimos: “Volvemos a ver qué pasa”. Sabíamos que tenía principio y fin.
—Pomo: Bueno, pero con Invisible no pasó eso. Nunca volvimos. Invisible jamás fue reciclado.Y el show de Vélez no es un regreso. Es un episodio único. Una excepción. Yo no vuelvo por Invisible, yo vuelvo porque le cuido las espaldas a Luis de por vida. Yo tengo mis propios proyectos. Ahora, ¿sabés que no sé porqué nos separamos en Invisible? No sé quépasó. Una vez que dejamos de ser un trío para el disco El jardín de los presentes, empezaron las incomodidades. Pero, si te soy sincero, no sé qué incomodidad fue la que terminó de volar la banda por los aires. Ahora, retomandolo que te decía: nuestra banda perdura a travésde nuestros registros. El grupo no vuelve. Es invisible.
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—La última pregunta y nos gustaría que respondieran con total sinceridad. Al día de hoy, ¿hay letras de Spinetta que aún no entiendan un pito a qué se refieren?
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—Amaya: Uf, un montón. Yo le preguntaba todo el tiempo. Y sino, tenía que ir a buscar el diccionario para entender las palabras.
—García: Mirá, una cosa son las letras de Ricardo Arjona, y otras las de Spinetta. Es otro el nivel de comprensión. Luis trabajaba el vocabulario de una manera única. Utilizaba las palabras por sus significados y también, muchas veces, porque le gustaba el sonido. Y eso hace a su poesía más hermética. Además, siempre hay más de una lectura de cada tema. Pero claro, hay muchas letras arduas.

—Pomo: Yo me acuerdo de una que decía: “Desnuda marabunta sin lugar para quedarse”. Un día le pregunte qué quería decir. “Es una forma de describir la lluvia”, me dijo.
—Amaya: Había un tema que se llamaba “Serpiente viaja por la sal”, de Pescado, y la gente se pensaba que Luis se andaba inyectando sal. Cada uno se hacía su propia película.
—Lebón: A mí me pasó algo parecido. Estábamos en Pinamar y yo le pregunté a Luis qué había querido decir con el tema “La perla del agua”. Me dijo: “Vení conmigo”. Y me llevó junto a un pino. Acababa de llover. “Mirá”, me señaló, “mirá bien la gota de agua en la hoja. ¿No ves la perla?” Y, fuera de broma, yo ví esa perla. Luis decía la verdad.
El lugar al quetodos llaman cielo
El lugar al quetodos llaman cielo
Por Marcelo Fernández Bitar
En 1970, José Alberto Tanguito Iglesias grabó los legendarios bocetos de un álbum que nunca pudo completar, en un intento por dejar así una obra completa y acabada de uno de los primeros compositores del rock local. En esas cintas, que recién se editaron tras su trágica muerte, se lo escucha claramente charlando con el técnico y con Javier Martínez, de Manal, que hacía las veces de productor de esas sesiones. “¡No me hagas cantar eso, no tiene nada que ver!”, responde Tanguito con ironía cuando le piden que haga “La balsa”, que compuso con Litto Nebbia y jamás había grabado.
Así, casi desde su fundación misma, el rock argentino tiene una peculiar relación con las canciones de éxito. Nebbia mismo, durante lustros, se negó atocar “La balsa”. Charly García resistió durante la época de La Máquina de Hacer Pájaros los pedidos del público para volver a formar Sui Generis o al menos evocar esos temas. Divididos, tras el furor de su disco La era de la boludez, dejó de cantar su hit “Qué ves”. Y el propio Luis Alberto Spinetta, poco después de editar el primer LP de Almendra, ya sacó “Muchacha (ojos depapel)” del repertorio de muchos shows.
El público no parece entender estas actitudes y el periodismo muestra su hilacha de fan poniéndose en general del lado de los espectadores, sin tomarse el trabajo de explicar o dilucidar la postura de los artistas. Y en realidad es claro como el agua: si un compositor prolífico y joven se entrega a los pedidos de la audiencia, teme seriamente quedar encasillado para siempre en ese territorio, atado a esas canciones. Razona que una bendición, como es un hit, podría convertirse en una cárcel y un encierro que imposibilitaría avanzar en nuevos caminos musicales. En vez de ser una celebración para público y artista, podría resultar un lastre para el músico.
Luis Alberto Spinetta, en su fascinante y continuo crecimiento compositivo, no solo fue dejando atrás a canciones fundamentales que él mismo quiere y ama, sino también a las formaciones que las forjaron. Paso a paso, de acuerdo a su evolución, madurez y los tropiezos mismos de la vida y las relaciones humanas, dio forma a Pescado Rabioso, Invisible y Spinetta Jade, hasta decidirse a seguir adelante como solista, retomando la etiqueta grupal solo con Los Socios del Desierto. En algún punto de sus carreras, tanto Nebbia como García y Mollo han vuelto a abrazar sus canciones más populares y reconocidas, tras haber establecido –eso sí- que era una excepción y no el inicio de una ‘etapa karaoke’ de sus carreras. Lo mismo ocurrió en muchos recitales del flaco Spinetta: de pronto, con complicidad y generosidad, entonó temas famosos o muy oscuros, pero en ambos casos inusuales en su repertorio habitual. Ahora dará un paso aun más osado y excepcional: tocará junto a los músicos de las formaciones originales y cantará una selección de las canciones más queridas por el público. Algo así como el sueño del fan hecho realidad, en un acto whitmaniano (por aquello de “Me canto y me celebro”) que derrocha la mayor paz interior y tranquilidad de conciencia. De nada servía tener miedo a quedar preso del pasado, porque él mismo ya lo dijo: “Las almas repudian todo encierro”. Las canciones, aunque sean eternas, también.
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